Los emprendedores y la verdadera responsabilidad social

Lo reconozco, odio la cursilería que usualmente implican las campañas pro-fundaciones de empresas. Que si “En Nuestras Manos” te hace chillar con la historia de la payasita, que si “Del Amor Nace la Vista” te hace querer sacarte los ojos para donarlos, que si “El maratón de llanto con Lucero” te hace ver como Magdalena de la pasión de Cristo. Vaya que si no hay un comercio y monetización fuerte en materia de remordimiento humano.

Y es que hay un serio problema en hacer creer a la población que crear  campañas pro “córtate las venas con galletas Marías®” y pedirles que donen su dinero a Fundación “Empresa multimillonaria de medios o de la banca” es hacer Responsabilidad Social.  Y es que no lo es, o por lo menos no lo es todo.

La responsabilidad social va mucho más allá de crear fundaciones o hacer campañas de reciclaje. La responsabilidad social es una actitud de los líderes de una empresa, ¡ni de la empresa misma!

Este tema de ser socialmente responsables va por escalas que resumiré muy rápidamente y como un emprendedor podría verlas.

Primera, responsabilidad social con nuestros clientes. Esta se refiere a entregar productos de calidad, darles una buena atención, cumplir promesas y garantías. Un emprendedor puede preguntarse ¿Ya hemos hecho todo lo necesario para cumplir nuestras promesas al cliente? Si la respuesta es no (después claro de una importante reflexión) no hay que pensar en si quiera iniciar una acción de colecta de víveres.

Segundo, responsabilidad hacia los trabajadores. Ok, ya que nuestros clientes están satisfechos y hemos puesto todo de nuestra parte para que así sea debemos de asegurarnos de que la calidad de vida y trabajo de nuestros empleados sea alta. Si hemos estado trabajando ya en la calidad del producto debimos de haber ya desarrollado buenas prácticas con el personal, por lo que parte de este segundo nivel debe de estar ya cubierta (por eso vamos por pasitos). El emprendedor debe de cuestionarse ¿mis trabajadores ganan los justo para vivir? ¿Tienen oportunidad de crecer y desarrollarse física, mental e incluso espiritualmente? ¿Siente compromiso y pasión por lo que hacemos porque yo siento y muestro compromiso hacia ellos?

Tercero, responsabilidad con proveedores y gobierno. Ya hacemos un producto de calidad y tenemos un personal bien pagado, competente y capaz. Todo esto ayuda a que tengamos un estado financiero saludable y podamos cumplir nuestras responsabilidades de pago con proveedores y a través de nuestra sobrevivencia y crecimiento los ayudemos a sobrevivir y crecer. Algo similar pasa con el gobierno. Al cumplir con calidad y responsabilidades patronales cumplimos con marcos legales. Pero al asegurar nuestra supervivencia aseguramos impuestos al gobierno quien, aunque a veces no lo hace tan bien y hacemos como que se nos olvida, nos provee de camino, calles, iluminación, vigilancia e incluso ¡créditos y apoyos! ¿O a poco no sabias del Fondo PyME, apoyos a proyectos productivos o de innovación?

Cuarto, responsabilidad con los interesados capitalistas. Después de todas estas responsabilidades con lo que nos queda de dinero (que nos va a quedar mucho porque ser responsable trae sus recompensas) tenemos que pagarle sus rendimientos a bancos si hubo préstamos, a “compas” que nos prestaron para darle al negocio o a socios dueños de la empresa. Pregúntense ¿ya todos quienes confiaron en esta idea y arriesgaron su capital han recibido una recompensa adecuada al riesgo que corrieron?

La verdad es que alrededor de cualquier empresa muchas personas, no solo el emprendedor, ponen algo de fe y confianza (los clientes compran esperando solucionar sus problemas, los trabajadores entran con uno con la idea de ganarse el sustento, los proveedores nos dan productos de calidad para que a nosotros nos vaya bien, ¡los inversionistas o fuentes de financiamiento podrían poner su lana en otro lado!). Hasta no haber cumplido en dar las compensaciones adecuadas a cada uno de ellos por sus contribuciones no podemos ni pensar en filantropía, fundaciones, donativos de relaciones públicas, etc.

Dígame usted emprendedor ¿A poco no esta para no creerse que después del precio de las palomitas en el cine nos pidan donar “cinco pesitos”? ¿O después de las tres horas de fila en el banco nos inviten a contribuir comprando el reloj de plástico de a doscientos?

Esteban Sánchez es un experto en negocios y emprendimiento, además de ser un apasionado del cine y las industrias del entretenimiento. Fundador y miembro activo de organizaciones que promueven el cine como arte y el espíritu emprendedor. Síganlo en Twitter.

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