Sobre “Un Cuento de Navidad” y como compartir y disfrutar las riquezas

En esta época navideña podemos encontrar muchas bellas historias en la literatura y la cinematografía mundial. Una de mis favoritas es “Un cuento de Navidad”, una historia clásica de hace más de 150 años escrita por Charles Dickens en Inglaterra. Estoy seguro que todos ustedes conocen la historia en alguna de sus versiones. La historia ha sido contada por Los Picapiedra, Mickey Mouse, Los Muppets y ha tenido también una versión mexicana en una vieja telenovela. 

Un Cuento de Navidad relata la historia de Ebenezer Scrooge, un avaro y poco compasivo capitalista del siglo XIX, y como recibe la visita de los fantasmas de las navidades pasadas, presentes y por venir y como el recuento de su vida le permite comprender de lo que se trata la navidad y lo transforma en un ser benevolente.

En su momento, y aún hoy en día, muchas personas creen que la historia es una critica hacía el capitalismo y la doble moral que implica buscar beneficios propios a costa de otros. Esa interpretación no es injustificada. Tan solo veamos el drama que vive la familia de Bob Cratchit por la tacañería de Scrooge y como muchas personas de The City no lamentan para nada la muerte de su tacaño amigo Ebenezer.

A mí, por el contrario, me parece una historia humanizante del espíritu progresista de la época y, por ende, del espíritu emprendedor que prevalece hasta nuestros días.

Scrooge es un emprendedor que se levanto a si mismo desde la pobreza hasta tener un gran éxito financiero. Sin embargo, perdió la vista de porque buscaba ese éxito, que era para no sufrir por la escases. Al principio de la historia podemos comprobar que a pesar de su fortuna Scrooge vive muy austeramente, quizás más austeramente que cuando era un simple ayudante en un almacén. El hombre era tacaño no solo con su dinero sino con su tiempo. A través de las visitas de los espíritus de la navidad Scrooge comprende, así como los lectores, que la riqueza monetaria solo tiene sentido si también hay riqueza espiritual y emocional.

No se vale casarse con el trabajo y perderse, por ejemplo, las comidas navideñas con los sobrinos o el amor de nuestra vida. Eso no es dignificante en ningún nivel. ¿Y qué pasa con el dinero bien ganado? Aunque si es importante ahorrar y no ser un despilfarrador uno debe de recordar que el dinero se hizo para gastarse. Scrooge se da cuenta de que gastar el dinero con las personas cercanas a él o en caridades también trae muchas recompensas como la alegría de unos niños al recibir un pavo de navidad más grande que ellos. El éxito solo tiene sentido si puede ser compartido.

Como emprendedores quizás hayan encontrado algún consejo por allí que dice que hay que regresar un poco de lo que recibimos. A mí me queda claro que hay que dar mucho más valor antes de esperar recibir si quiera. Eso es lo que Marley trata de enseñarle a Scrooge, que la riqueza no está en el recibir sino en el dar.

Un emprendedor exitoso debe comprender que hasta que no de algo de si mismo tampoco podrá esperar recibir y que ni en ese momento debe dejar de entregarse en cada aspecto de su vida, porque es allí en donde se encuentra realmente el éxito.

Esteban Sánchez es un experto en negocios y emprendimiento, además de ser un apasionado del cine y las industrias del entretenimiento. Fundador y miembro activo de organizaciones que promueven el cine como arte y el espíritu emprendedor. Síganlo en Twitter.

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