Estrategia: Clave del éxito III

Yo creía en la política de demandas, representaciones y negociaciones amistosas. Pero todo eso ya no sirve. Ahora sé que ésa no es la manera de persuadir a este gobierno. La sedición se ha convertido en mi religión. La nuestra es una guerra no violenta. – Mahatma Gandhi

Regresando después de un largo período de vacaciones me concentré en terminar esta serie de artículos sobre la estrategia, en los anteriores tomé de ejemplo las hazañas militares y estratégicas de Napoleón y Alejandro Magno. Para esta última entrega tenía que buscar un tercer personaje histórico que pudiera ejemplificar el poder devastador que tiene el dominio del arte de la estrategia.

Terminé escogiendo a un personaje que todos tenemos muy presente, un hombre que nos dejó muchas enseñanzas, un defensor de los movimientos pacíficos, me refiero a Mahatma Gandhi.

En diciembre de 1929, los ingleses que gobernaban India se sentían nerviosos. El Congreso Nacional Indio acababa de abandonar las conversaciones sobre la propuesta de que Gran Bretaña devolviera gradualmente el gobierno autónomo al subcontinente. Dando el mensaje de que se buscaba la independencia total e inmediata, y para esto, acudieron a Gandhi para encabezar una campaña de desobedencia civil para iniciar esta lucha.

Y esto porque él, a inicios de la década de 1920, había dirigido campañas de desobediencia civil contra los británicos que habían causado mucho revuelo, esto lo llevó a prisión y lo convirtió en el hombre más venerado del país. Para los británicos, lidiar con él no era sencillo. A pesar de que Gandhi creía y practicaba la No Violencia, los funcionarios coloniales del Raj británico tenían miedo: era un mal momento para la economía inglesa, y si se desataban disturbios y manifestaciones contra bienes ingleses esto se convertiría en una pesadilla policial.

Y es por esto que el hombre a cargo de lidiar con este movimiento fue el virrey de la India, lord Edward Irwin. Él admiaraba personalmente a Gandhi, pero estaba seguro de que iba a detenerlo rápido y con fuerza. Esperaba las acciones de Gandhi. Y semanas pasaron y un 2 de marzo Irwin recibió una carta de Gandhi, en la cual revelaba los detalles de su movimiento: esta iba a ser una protesta contra el impueso de la sal. Y es que en este tiempo, los británicos ejercían un monopolio sobre la producción de sal de la India, aunque fuera abundante, y además cobraban un alto impuesto por ella.

La campaña de Gandhi era encabezar una marcha de sus seguidores desde Bombay (actual Mumbai) a la ciudad costera de Dandi, donde recogería sal del mar y alentaría a los indios a hacer lo mismo. Pero esto podía resolverse si el virrey derogaba el impuesto a la sal.

Irwin, hizo caso omiso de la petición de Gandhi y, con una sensación de alivio, decidió dejar en paz y permitir a Gandhi y a sus seguidores hacer su marcha hacia el mar. Sabía que si actuaba con arrestos se vería muy mal. Pensaba que tan decepcionante campaña desacreditaría a Gandhi y el movimiento se extinguiera. Y al principio, Irwin mantenía su entusiasmo, Gandhi otorgaba al evento una calidad casi religiosa. Su lenguaje era apocalíptico: “Iniciamos una lucha de vida o muerte, una guerra santa”; este discurso llamo la atención de los pobres, así como de los camarógrafos, quienes eran invitados por el mismo Gandhi para firmar la marcha.

Gandhi y sus seguidores partieron el 12 de marzo de 1930. Mientras avanzaban villa por villa, la masa de seguidores incrementaba. Gandhi era cada vez más osado, llamaba a estudiantes a dejar la escuela e unirse a su marcha. Muchos lo siguieron y se reunían para escuchar sus discursos, que cada vez eran más polémicos. El 6 de abril metió a susu seguidores al mar para purificarlos y después recogió sal de la playa. Esta noticia recorrió toda India, Gandhi había violado la ley de la sal.

Irwin reaccionó entonces, se dió cuenta que Gandhi lo había engañado. De inofensiva apariencia inicial, el simbolismo religioso de la marcha había agitado a las masas, y la sal solo fue un pararrayos sobre el descontento con las políticas inglesas. Si Irwin hubiera detenido a Gandhi desde el inicio nada hubiera pasado, pero ahora ya era demasiado tarde, arrestarlo detonaría un conflicto. Además, manifestaciones no violentas surgieron por todo el país. Y sguió empeorando: miles de indios iban a las costas del país y recolectaban sal; ésta sal ilegal la regalaban o la vendían a precios minimos. Irwin finalmente actuó y arrestó a Gandhi. Esto encendió la protesta. El 21 de mayo, 2,500 indios marcharon pacíficamente contra los Dharasana Salt Works del gobierno. Cuando los marchistas se precipitaron a la fábrica, fueron golpeados por los policías indios y oficiales británicos armados del lugar. Instruidos en los métodos de no violencia de Gandhi, los manifestantes no hicieron el menor intento de defenderse; quienes no habían sido golpeados continuaron marchando , hasta que casi el último de ellos fue abatido. Esto se repitió muchas veces en toda la India, y obtuvo mucha cobertura por la prensa, fomentando el corte de todo lazo sentimental que los indios tuvieran con los ingleses.

Tras esto Irwin tuvo que negociar con Gandhi, a ceder terreno. Aunque el final del Raj tardaría varios años en llegar, la Marcha de la Sal resultaría el principio del fin, y en 1947 los ingleses salieron de la India sin librar una sola batalla.

Como pueden ver, Gandhi era un estratega engañosamente astuto cuya frágil, e incluso pieados, apariencia hacía constantemente que sus adversarios lo subestimaran. La clave de toda estrategia exitosa es conocer tanto al adversario como a un@ mism@, y Gandhi, educado en Londres, conocía bien a los ingleses. Los juzgaba como un pueblo liberal que enarbolaba tradiciones de libertad política y conducta civilizada. Los indios, por su parte, se sentían humillados tras largos años de sometimiento a sus amos ingleses. Estaban desarmados, sin posición para una insurrección o guerra de guerrillas. Y si se rebelaban, los ingleses los aplastarían como a otras colonias.

Por esto, la Marcha de la Sal es una muestra de la brillantez estratégica de Gandhi, al escoger un asunto trivial en su carta a Irwin, Gandhi pudo aprovechar para inciar la marcha sin represión. Una vez en su pico, los ingleses no podían atacar a gente que protestaban en forma pacífica debido a su supuesta pureza moral. Esto provocó que Irwin se sintiera confundido y hasta culpable de cualquier acción violenta, se paralizó y renunció a toda iniciativa estratégica.

Habrá momentos en tu vida, ya seas emprendedor o no, en que te enfrentarás a un adversario u obstáculo superior, un enfrentamiento directo no funciona porque sería desastrozo para ti. Pero Gandhi nos enseñó la estrategia de la agresividad pasiva: dominar mientras simulas sumisión. Solo piensa, en el mundo de los negocios, todas esas empresas que han vencido o superado a grandes corporativos, utilizando una estrategia similar. Aprovechando siendo el pequeño en la pelea, los clientes simpatizan con tu causa, a veces funciona y otras  veces no. Todo depende de la voluntad y el fervor que tienes al usar esta estrategia.

El arte de la estrategia es algo que se utiliza en todo aspecto de la vida, para cada situación o conflicto, la estrategia surior es la clave de la victoria. Y en los negocios no es la excepción, la planeación estratégica es una área de conocimiento que debes de dominar, porque un negocio no puede prosperar sin una gran estrategia.

Cristopher Ramírez es emprendedor, escritor y motivador. Ha tenido la oportunidad de desarrollar y estar involucrado en la creación de varias empresas. Es autor de Imperio Emprendedor – Mentalidad para la Era Startup, libro centrado en dar el empujón a los emprendedores a un nivel emocional. Y busca ayudar a otros a encontrar su camino hacia la grandeza. Pueden seguirlo en Twitter.

 

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