9 Errores Comunes que Cometemos en Conversaciones Difíciles

Error #1: Caemos en mentalidad de combate

Cuando las conversaciones difíciles se vuelve toxicas, es comúnmente debido que hemos cometido un error clave: hemos caído en mentalidad de combate. Esto hace que la conversación se vuelva un juego de sumar ceros, con un ganador y un perdedor. Pero la realidad es, cuando dejamos que las conversaciones lleguen a esto – especialmente en la oficina – todos lucimos mal, y todos pierden. El verdadero enemigo no es tu contraparte en la conversación, pero la mentalidad de combate. Y puedes vencerla, con estrategia y habilidad.

Error #2: Tratamos de simplificar demasiado el problema

Si el punto de tu argumento fuera sencillo, existiría la posibilidad de que no estuvieras discutiendo sobre ello. Porque es desalentador intentar resolver varios problemas a la vez, talvez queramos enrollar estos problemas en un mayor problema menos complejo. Pero la existencia de dicha bestia es una ilusión. Para evitar dicha simplificación, recuérdate que si el problema no fuera complicado, no sería tan difícil de discutir.

Error #3: No introducimos suficiente respeto a la conversación

La clave para evadir la simplificación excesiva es respetar el problema que tratas de resolver. Para evitar la mentalidad de combate, tienes que ir más lejos – necesitas respetar la persona con la que hablas, y tienes que respetarte a ti. Asegurándote que respondas en una forma en que puedes sentirte orgulloso después prevendrá que tu contraparte se sienta ofendida y se torne abiertamente hostil.

Error #4: Arremetemos – o nos apagamos

Miedo, enojo, vergüenza, estar a la defensiva – toda clase de sensaciones no deseables pueden arrollarnos durante una conversación que quisiéramos no tener. Algunos de nosotros reaccionar al confrontar a nuestra contraparte de manera más agresiva; otros, corren a suavizar las cosas. Puede que nos balaceemos entre estos polos. Pero en vez de esto, trata de quedarte en medio: enuncia lo que quieres. Las emociones fuertes no se evaporarán, pero con la práctica, aprenderá a enfocarte en el resultado que quieres a pesar de ellos.

Error #5: Reaccionamos a artimañas que nos frustran

Mentir, amenazar, llorar, ser sarcástico, gritar, silencio, acusar, tomar la ofensiva: las pláticas difíciles pueden presentar todo un arsenal de artimañas. (Solo porque tú trates de superar la mentalidad de combate no quiere decir que tu contraparte lo esté haciendo.) Pero tú también posees un arsenal de respuestas potenciales, desde pasivas hasta agresivas. De nuevo, lo más efectivo es moverte hacia la mitad: desarma la artimaña al abordarlo. Por ejemplo, si tu contraparte ha dejado de responderte, simplemente puedes decir, “No sé cómo interpretar tu silencio.”

Error #6: Nos enganchamos

Todos tienen un punto débil. Y cuando alguien encuentra el nuestro – ya sea de manera inadvertida, con una flecha perdida, o porque espera lastimarnos – se vuelve más difícil mantenerse fuera de la mentalidad de combate. Tal vez tu punto débil esté atado a tu trabajo – sientes que tu departamento no recibe el respeto que merece. O talvez es más personal. Pero sin importar lo que sea, toma el tiempo para aprender que es lo que te engancha. Solo sabiendo donde eres vulnerable te ayudará a mantener el control cuando alguien te de justo en el punto débil.

Error #7: Ensañamos

Si sabemos que una conversación será difícil, es instintivo ensayar lo que diremos. Pero una conversación difícil no es una obra, con un actor y una audiencia. Una vez que hayas empezado la conversación, tu contraparte puede reaccionar de un sinfín de maneras – y tener un script en mente impedirá tu habilidad de escuchar y reaccionar de manera adecuada. En vez, prepárate al preguntarte lo siguiente:

  1. ¿Cuál es el problema?
  2. ¿Cuál diría mi contraparte que es el problema?
  3. ¿Cuál es mi resultado primordial o ideal?
  4. ¿Cuál es mi relación de trabajo primordial con i contraparte?

También puedes pedir a la otra persona de hacer lo mismo antes de reunirse.

Error #8: Hacemos suposiciones acerca de las intenciones de nuestra contraparte

Los optimistas tienden a asumir que cada desacuerdo es solo un malentendido entre dos personas bien intencionadas; los pesimistas talvez sientan que las diferencias de opiniones son realmente ataques malintencionados. En la niebla de una plática difícil, tendemos a olvidar que no tenemos acceso a las intenciones de los otros solo a las nuestras. Recuerda que tú y tu contraparte están lidiando con esta ambigüedad. Si te atoras, una frase útil a recordar es, “Me estoy dando cuenta mientras hablamos que no entiendo totalmente cómo ves este problema.” Admitir lo que no sabes puede ser una manera poderosa de encaminar nuevamente una conversación.

Error #9: Perdemos de vista la meta

La clave en cualquier conversación difícil es siempre mantener la vista en la meta. Ayuda a prevenir esto al adentrarte en las conversaciones con un resultado claro; poseer el conocimiento  de cómo quieres que tu relación de trabajo sea con tu contraparte; y haber pensado detenidamente acerca de cualquier obstáculo que podría interferir con estas últimas. (Recuerda, “ganar”  no es un resultado realista, ya que es improbable que tu contraparte acepte un resultado de “derrota.”)

En conclusión

Cuando se nos encara desprevenidos, somos más propensos a caer en hábitos inefectivos y viejos como la mentalidad de combate. Si no eres quien está iniciando una conversación difícil, o si un problema surge de la nada, apégate a estos principios básicos: mantén tú contenido claro, mantén un tono neutral, y mantén tu temperatura al desarrollar tus frases. Con esto, cuando los desacuerdos surjan podrás navegar hacia un resultado productivo y emergerás con tu reputación intacta.

Cristopher Ramírez es emprendedor, escritor, motivador, filósofo y estratega. Ha tenido la oportunidad de desarrollar y estar involucrado en la creación de varias empresas. Es autor de Imperio Emprendedor – Mentalidad para la Era Startup, libro centrado en dar el empujón a los emprendedores a un nivel emocional. Y busca ayudar a otros a encontrar su camino hacia la grandeza. Pueden seguirlo en Twitter.

Crédito por la imagen: Wikipedia

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Un comentario sobre “9 Errores Comunes que Cometemos en Conversaciones Difíciles

  1. ¡GUAU, otro tema interesante! _ Y así como dice el anfitrión de CNNDinero, el señor Xavier Serbiá: “Lista, listo, COMENZAMOS”.

    El día de ayer, martes, en el canal CNNESPAÑOL, en el programa CNNCamilo, el señor Camilo Egaña entrevistó al argentino Dr. Facundo Manes, Médico-neurólogo, Neurocientífico y Autor-escritor, y en el aquí y el allá de la conversación amena que ofrecieron ambos a los espectadores, el Dr. Manes indicó dos cosas que están relacionadas directamente con el tema que hoy nos ocupa. A continuación parafrasearé lo que dijo el Dr. Manes: (1) “Como pensamos, sentiremos; y ese sentir, determinará la manera en que nos comportaremos.” (2) “El estrés crónico es malo.”.

    Básicamente, en esos dos dichos identificamos parte de la operatividad de los “Nueve Errores Comunes Que Cometemos En Las Conversaciones Difíciles”. Ahora, antes que todo, conviene una corrección previa y es que tales errores no son exclusivos para las “Conversaciones Difíciles”, sino que son propios de cualquier momento en donde surja una conversación de cualquier índole, no únicamente las difíciles.

    Para dilucidar bien éste embrollo, volveré a listar los nueve errores: (1) Caemos en mentalidad de combate; (2) Tratamos de simplificar demasiado el problema; (3) No introducimos suficiente respeto a la conversación; (4) Arremetemos – o nos apagamos; (5) Reaccionamos a artimañas que nos frustran; (6) Nos enganchamos; (7) Ensañamos; (8) Hacemos suposiciones acerca de las intenciones de nuestra contraparte; y (9) Perdemos de vista la meta.

    Si aplicamos a esa lista los principios neurocientíficos que indica el Dr. Manes, denotaremos:

    • Que todos esos errores son inducidos porque la persona posee el mal-hábito de pensar negativamente en modo permanente y sin distinción alguna.
    • Que los pensamientos negativos crónicos inducen el sentir negativo de la agresión hacia los demás (errores 1, 4 y 7), el empecinamiento (errores 2 y 6), el irrespeto a lo planteado (error 3), la histérica (error 5), el prejuicio (error 8) y la falta de concentración y retención (error 9).
    • Y que a su vez, el sentir negativo determina la manera en que nos comportamos, como es: la predisposición a la pelea, el no considerar que todo problema es complejo, el acto de menospreciar a otros, el incurrir en mutismo, frustración u obstinación, el dar por válida una suposición no confirmada y el perder la ilación al momento de conversar (cosa que propicia al bloqueo mental).

    Al aglutinar todo lo anterior e insertarlo en una persona es lógico que la persona afectada manifieste adhesión al “Estrés”, circunstancia que de no atenderse a tiempo terminará por volverse en “Estrés crónico”, favoreciendo el arraigo de los nueve errores identificados, cosa que es “muy mala”. Así como diría el Chapulín Colorado… ¡Todo está fríamente calculado!

    Bueno, hasta éste punto, el axioma anterior demuestra, sin mayores complicaciones, la relación del comportamiento conflictivo durante la conversación con los descubrimientos neurocientíficos que describen la tendencia del comportamiento humano normal y anormal. Pero… ¿Qué tiene que decir la Psicología al respecto? _ Pues, si inmiscuimos dentro de éste análisis a los preceptos psicológicos que tratan al comportamiento humano, aquí la abstracción pintará algo diferente y complejo en modo sofisticado. Para enterarse hacia dónde vamos, siga leyendo con atención.

    Los errores observables en el comportamiento humano manifiesto no son “Causa de…”, sino “Efecto de…” y con esto indico que la causalidad de los errores en el comportamiento radica en dos hechos fundamentales a los que estamos subyugados TODOS los seres humanos: primer hecho, a la forma en que somos educados durante la niñez y la adolescencia, en los ambientes familiar y escolar primordialmente; y segundo hecho, a la personalidad que propende a instaurarse y desarrollarse física y mentalmente en base a las directrices educacionales que la persona memorizó durante su minoría de edad, directrices que recordará y pondrá en práctica constante en cada momento de su vida adulta. Éste fenómeno natural está supeditado a la ley dual conocida como “Causa – Efecto”.

    Una persona que recibió una educación inapropiada, durante la formación de su personalidad (del cero a los diecisiete años de edad), cuando sea adulto va a mostrar un comportamiento errático al momento de relacionarse con sus semejantes en eventos de socialización, pronóstico de que el individuo afectado padece de “Inadaptación al medio ambiente”, ya sea sutil o relevante, inadaptación susceptible de que segundas y terceras personas la observen cuando el inadaptado reacciona con alguno, con algunos o con todos los nueve errores descritos.

    Paralelamente, la educación deficitaria propende a generar otro problema grave y es que el individuo, en circunstancias deficitarias, tiene menos probabilidad de desarrollar satisfactoriamente los procesos intelectuales y cognitivos, subdesarrollo que determinará la instauración de rasgos de personalidad negativos como el de la insociabilidad caracterizada por iracundia, impetuosidad, tolerancia disminuida y generalizada, propensión a la obcecación-compulsión como al ensimismamiento auspiciados por la frustración, suplantación de la intuición por la inteligencia, disforia, etcétera.

    El problema de los nueve errores es realmente algo grave y no debe de considerarse a la ligera, ya que si las personas no luchamos diariamente por comunicarnos asertiva, acertada y pertinentemente, la humanidad está en riesgo de detener su avance, o peor aún, de retroceder a como estaba el conglomerado hace quinientos años durante la época oscura de nuestra historia, la época medieval.

    Para resolver el problema de los nueve errores, afectación identificada como “Trastorno Ideológico Generalizado”, la persona afectada requerirá forzosamente la asistencia de un profesional en modificación de comportamiento indeseable, para instar la corrección de los componentes mentales defectuosos y lograr la conversión de los rasgos de personalidad negativos en positivos. O sea, que el problema de los nueve errores tiene una solución factible, como cualquier otro problema, toda vez exista la voluntad para solucionarlo y los recursos para atenderlo.

    Hasta la próxima.

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